Se requiere repensar el Sindicalismo: ponerlo a
tono con las nuevas condiciones del país, con las prioridades de quienes tienen
puesto de trabajo y los desempleados, armonizarlo con los ideales de una
sociedad más equitativa y democrática. Hay que plantear opciones diferentes a
las esbozadas por quienes pretenden darle a la ocupación productiva un valor
por debajo de las necesidades y sin las garantías de seguridad, capacitación y
estabilidad.
Unos y otros están
llamados a hacer reconsideraciones para plantear una alternativa renovadora que
encarne la realidad y promueva progresos ciertos en las relaciones de
trabajadores y patronos.
A ese respecto, la
responsabilidad del estado, también cuenta como motor principal de
definiciones. Las políticas laborales que partan de allí tienen que interpretar
lo mejor posible, los requerimientos que están dados en esta nueva etapa.
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