sábado, 15 de octubre de 2016

COLOMBIA ES UNA BUENA SINDICALISTA?


 
La transformación del movimiento sindical colombiano, es necesaria y perentoria.

En primer término, debido a la caída vertical de sus afiliados, tal como lo analizamos (alrededor del 5 por ciento del total de la población asalariada; en 1.984, la cifra era del 10 por ciento). En segundo término, debido a que en Colombia, a lo largo de los últimos decenios, ha dominado una de los modelos sindicales más negativos que existen para la defensa de los intereses populares. Nos referimos al sindicalismo de confrontación, referente al cual, manifestó su deseo de cambiar.

Este modelo percibe  a la contraparte, trátese de una empresa privada o pública, como un enemigo cuyos intereses son, por definición radicalmente opuestos a los del trabajador. Cuando el capital y el trabajo son vistos como 2 polos antagónicos, la lucha sindical se percibe como una correlación de las fuerzas excluyentes entre sí, en la cual lo que gana el sindicato lo pierde el patrón y viceversa. Bajo este esquema, no es posible construir un espacio de convergencia de intereses, que involucren objetivos recíprocos, que en la medida en que se logren sacar avances, se generaría utilidad social para las partes.

Esta forma de obrar del sindicalismo ha sido negativa tanto para los trabajadores como para el país en su conjunto. En cuanto hace a los trabajadores, este modelo de lucha se ha llevado a cabo con total distanciamiento del futuro de las empresas, muchas de las cuales han terminado seriamente afectadas, como por ejemplo: Renault- sofasa, TELECOM, Caja de crédito Agrario, Thomas group. La mentalidad de los sindicatos lamentablemente parecería ser la de exprimir y exprimir a las empresas hasta dejarlas exhaustas. En cuanto hace al país, este modelo sindical se niega a pensar en la nación como un todo, en el cual existen no sólo  divergencias, sino, igualmente, intereses colectivos.

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