En primer
término, debido a la caída vertical de sus afiliados, tal como lo analizamos (alrededor
del 5 por ciento del total de la población asalariada; en 1.984, la cifra era
del 10 por ciento). En segundo término, debido a que en Colombia, a lo largo de
los últimos decenios, ha dominado una de los modelos sindicales más negativos
que existen para la defensa de los intereses populares. Nos referimos al
sindicalismo de confrontación, referente al cual, manifestó su deseo de
cambiar.
Este
modelo percibe a la contraparte, trátese
de una empresa privada o pública, como un enemigo cuyos intereses son, por
definición radicalmente opuestos a los del trabajador. Cuando el capital y el
trabajo son vistos como 2 polos antagónicos, la lucha sindical se percibe como
una correlación de las fuerzas excluyentes entre sí, en la cual lo que gana el
sindicato lo pierde el patrón y viceversa. Bajo este esquema, no es posible
construir un espacio de convergencia de intereses, que involucren objetivos
recíprocos, que en la medida en que se logren sacar avances, se generaría utilidad
social para las partes.
Esta
forma de obrar del sindicalismo ha sido negativa tanto para los trabajadores como
para el país en su conjunto. En cuanto hace a los trabajadores, este modelo de
lucha se ha llevado a cabo con total distanciamiento del futuro de las
empresas, muchas de las cuales han terminado seriamente afectadas, como por
ejemplo: Renault- sofasa, TELECOM, Caja de crédito Agrario, Thomas group. La
mentalidad de los sindicatos lamentablemente parecería ser la de exprimir y
exprimir a las empresas hasta dejarlas exhaustas. En cuanto hace al país, este
modelo sindical se niega a pensar en la nación como un todo, en el cual existen
no sólo divergencias, sino, igualmente,
intereses colectivos.

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